Gran parte de los textos y fotografías de este apartado están sacados del libro Historia de la Hermandad y del culto a Nuestra Señora de la Natividad, Guadamur (Toledo) de Pedro Antonio Alonso Revenga y Gonzalo Marín López, editado en el año 2010.
Historia de la Hermandad de Nuestra Señora de la Natividad
Origen
La antigüedad del culto a la Virgen de la Natividad es desconocido, pudiéndose remontar a tiempos visigodos. No se disponen de documentos escritos que atestigüen el origen de esta devoción en Guadamur, ya que la información referente a esta devoción se encontraba en el Libro de la Cofradía y ermita de Nuestra Señora de la Natividad, que se guardaba en el archivo Parroquial de Guadamur y que, desgraciadamente, fue destruido en la Guerra Civil.
Se pueden realizar algunas hipótesis de la antigüedad del culto a Nuestra Señora de la Natividad partiendo del estudio de la ermita donde se aloja este Icono Sagrado.
La ermita es de estilo mudéjar, arte que se desarrolló en los reinos cristianos de España desde el siglo XII hasta el XVI. Una peculiaridad de este arte, sobre todo en la zona de Toledo, es la utilización del aparejo toledano que consiste en ejecución de los muros con mampostería, interrumpida por verdugadas de ladrillo, utilizando también ladrillo en los machones de las esquinas.
Cuando se construyó la iglesia de Santa María Magdalena en el siglo XVI se tienen noticias de la existencia del antiguo templo que estaba situado en el cerro junto al castillo, por lo que la ermita existía con anterioridad a construcción de la iglesia. Según los últimos estudios realizados, el origen de la ermita podría remontarse al siglo XIII.
Siglo XVII
En lo que se refiere al culto de la Virgen de la Natividad, la primera referencia se puede encontrar en los libros de actas del Ayuntamiento de Guadamur. Entre las cuentas que llevaba el concejo, en el año 1611 figuran ” 30 reales de 9 misas estando la Virgen en la Natividad”. En ese momento existía la Esclavitud de Nuestra Señora de la Natividad, que estaba formada por treinta esclavos, estando a su cargo costear todos los gastos de la fiesta, la cera para la iluminación del cuadro y las misas de los esclavos fallecidos, y lo hacían en turnos anuales de seis mayordomos.
Siglo XVIII
En el siglo XVIII, el párroco de Guadamur, don Ginés Simarro, viendo el aumento de devotos y las pequeñas dimensiones de la ermita, pues solo disponía de ábside, aumenta el tamaño de la nave principal, costeando la obra todos los habitantes del pueblo y realizándose estas obras entre los años 1744 y 1752.
Este dato está contrastado por don Jerónimo López de Ayala y del Hierro, académico de la Real Academia de la Historia y buen conocedor del pueblo de Guadamur por estar casado con una hija del conde de Asalto, propietario del castillo. En su Catálogo Monumental de la Provincia de Toledo, realizado antes de la Guerra Civil, indica que ha podido consultar el Libro de la Cofradía y ermita de Nuestra Señora de la Natividad, que se guardaba en el archivo Parroquial de Guadamur, donde se comentaba que en la antigüedad existía una ermita, pero a causa de ser muy pequeña y disponer solo del ábside, entre 1744 y 1752 se construyó , a expensas del pueblo, la ampliación de la misma dando la planta del cuerpo del actual templo.
Justo en el año 1752, año en el que se terminan estas obras, la esclavitud solicita al arzobispado su paso a hermandad, debido a que se había incrementado notablemente la devoción a Nuestra Señora de la Natividad y, así, se podría tener un número ilimitado de hermanos, siendo más fácil el sufragio de los gastos. En esa época, solo quedaban catorce esclavos, de los treinta que tenía en un principio, y dos de ellos sin recursos suficientes por haber venido a menos, lo que implicaba una carga económica muy elevada para cada uno de los miembros. Esta petición del cambio de esclavitud a hermandad fue aceptada ese mismo año por el arzobispado, empezando a funcionar como tal desde entonces.
De estos años también se dispone de información referente a la hermandad a través de una encuesta que a finales del siglo XVIII, el Arzobispo de Toledo Don Francisco Lorenzana encargó al geógrafo real Tomás López para realizar un mapa detallado de su arzobispado. Para ello, enviaron a cada una de las parroquias unos interrogatorios impresos que contenían catorce preguntas sobre diversos aspectos. El párroco de Guadamur, en esas fechas era don Juan José de Funes, que mandó al arzobispado una relación de las cosas de Guadamur, bastante completa, en la que hace referencia al culto de Nuestra Señora de la Natividad:
Guadamur , y agosto 28, 1788
…
Servidor se ofrece a su disposición.
Juan José de Funes.
…
La parroquia de esta villa está dedicada a Santa María
Magdalena.
Como a dos tiros de piedra se venera en una ermita
muy bien reparada la imagen de Nuestra Señora de
la Natividad, un cuadro puesto en un único altar,
que hay en dicha ermita, la tienen mucha devoción
estas gentes , y le hacen fiesta el ocho de septiembre,
bajándola en procesión el día antes a la parroquia.
…
Como se desprende de este informe, ya en el siglo XVIII se tenía la costumbre de bajar la imagen en procesión desde la ermita hasta la iglesia de Santa María Magdalena el día siete de septiembre, víspera de la fiesta de la Natividad de la Virgen, que se realizaría posiblemente en andas a hombros de los cofrades.
No podemos conocer la antigüedad de esta tradición.
Siglo XIX

En 1834 se construye un cementerio junto a la ermita para dar cumplimiento a las reales órdenes de Carlos III y Carlos IV, en las que se ordenaba la construcción de cementerios extramuros de las ciudades, prohibiéndose los enterramientos en las iglesias, y que hasta entonces no habían sido cumplidas. Puede que el motivo de su construcción fuese la epidemia de cólera que asoló España, proveniente de Inglaterra, que llegó a la península en 1833. Durante el tiempo que duró la epidemia la ermita fue utilizada como hospital para enfermos sin recursos. Esta práctica se volvió a repetir en las epidemias de 1855 y 1865. Durante los días en los que el edificio ejercía de hospital, la imagen de Nuestra Señora de la Natividad se trasladaba a la iglesia de Santa María Magdalena donde se mantenía hasta que la epidemia remitiera. Aprovechando la ejecución del cementerio se construyó una sacristía anexa al presbiterio y al ábside por su zona sur.

Posiblemente en esta fecha también construyeron un soportal tejado a un agua apoyado en dos columnas a la entrada de la ermita para resguardar a los fieles de la lluvia.
En la construcción del muro de esta habitación se emplearon piedras de sillar con sección hexagonal que procedían de los arcos carpaneles que sustentaban el corredor alto del castillo del patio. En aquel entonces el castillo estaba en estado de abandono y en 1880 dos vecinos de Guadamur, José Guillermo Sánchez de Diego y Bonifacio Rodríguez Sánchez, junto con Ildefonso Bejerano Vázquez, vecino de Gálvez, compraron el castillo al descendiente del duque de Frías, Bernardino Fernández Velasco, y lo tuvieron en propiedad durante siete años, alojando a pobres y necesitados en su interior. Posiblemente en este periodo de abandono es cuando se cogen las piedras del castillo para utilizarlas en la ejecución del muro de la nueva habitación.
A finales del siglo XIX se construyó una habitación anexa al muro norte de la ermita, que pudo servir como depósito de cadáveres del cementerio o para albergar la carroza de la Virgen, por lo que suponemos que ya en esos años la bajada hasta la plaza la hacían sobre la carroza y no en andas.
En el plano de 1887 se puede observar el recinto del cementerio, la sacristía en la zona sur junto al presbiterio y el ábside, la habitación para la carroza o para depósito de cadáveres, anexa al muro de la zona norte, y el soportal de entrada a la ermita.
Este cementerio estuvo en uso hasta 1917, año en el que se construyó el actual camposanto que recibió el nombre, por entonces, de Cementerio de Nuestra Señora de la Natividad para mantener el recuerdo de la advocación a la Virgen. El cementerio de la ermita no se desmanteló hasta los años cincuenta del siglo XX, procediéndose a la plantación de árboles en la zona.

Siglo XX
Principios del siglo XX hasta la Guerra Civil
Se dispone de información de la actividad de la hermandad a principios del siglo XX a través del semanario católico El Castellano, publicado por el arzobispado de Toledo, que ofrecía información de carácter general (noticias de actualidad, actos públicos, acontecimientos, etc.) y artículos literarios y religiosos con especial referencia a Toledo y pueblos de su provincia.
El firmante de estos artículos, era don Petronilo González Santillán, que era director de la banda de Guadamur, además de secretario del juzgado y sacristán, y que ejercía como corresponsal de este semanario, pasando información muy interesante de las fiestas en honor a Nuestra Señora de la Natividad.


En un artículo de 1906, se describe la tradición en esa época, que ha llegado hasta nosotros, con la bajada en procesión de la Virgen, el día 7 de septiembre, desde la ermita hasta la iglesia parroquial de Santa María Magdalena. Por la noche luminarias, cohetes y fuegos artificiales, además de velada musical a cargo de la banda de música del pueblo, dirigida por Petronilo González.
El día 8 de septiembre, era día festivo en la localidad y se celebró la misa solemne por la mañana, oficiada por el párroco de Guadamur, don Juan Carrillo Silos, que tenía fama de gran orador, siendo muy solicitado en toda la provincia. Por la tarde se realizaba el Ofrecimiento y la procesión de subida hasta la ermita. Por la noche, de nuevo, la banda de música amenizaba la velada musical.
Al año siguiente, en 1907, se produce un acontecimiento importante en el pueblo de Guadamur: la llegada de la electricidad a la localidad que se produjo en el verano de este año, debido en gran parte por las gestiones del Conde de Asalto, propietario del castillo.
El Alcalde Amalio Rodríguez, negoció con la Compañía Hidroeléctrica “El Bosque” la implantación del alumbrado público, con 28 brazos y adquirió el compromiso la compañía, de alumbrar la plaza pública con tres arcos voltaicos, desde los días 7 al 15 de septiembre. Esto va a permitir, que la celebración de las fiestas se alarguen durante la noche.
El mismo semanario se hace eco de la celebración de las fiestas de Nuestra Señora de la Natividad con iluminación con energía eléctrica.


En 1908 El Castellano recoge la información del estreno de una carroza costeada por la hermandad y por donaciones de devotos de Nuestra Señora de la Natividad. El mismo semanario recoge en otro año posterior el estreno de una bandera de lujo confeccionada por Dª. Concepción Cabezas.

Para corroborar la devoción de Guadamur hacia la Virgen disponemos de la información del semanario El Castellano de mayo de 1909, cuando los vecinos del pueblo sacaron a Nuestra Señora de la Natividad rogando su intercesión para que lloviera, dada la sequía que asolaba el país. Y como no podía ser de otra forma la Virgen concedió su gracia y la lluvia cayó sobre los campos, por lo que se le dedicó una misa solemne y una procesión acompañada de la banda de música. Estas rogativas fueron frecuentes también en años posteriores, siempre que la lluvia faltaba, en los que las gentes de Guadamur pusieron su confianza en la Virgen.
Durante estos años, el párroco don Juan Carrillo Silos encargó una copia del cuadro de la Virgen a don Manuel López de Ayala y del Hierro, que era un afamado pintor. Nació en Toledo en1868 y era hijo de Don Luis López de Ayala Cañas, XV Conde de Cedillo.
Manuel López de Ayala y del Hierro tenía mucha relación con Guadamur ya que estaba casado con doña Fernanda Morenés García-Alessón, una de las hijas del Conde de Asalto, el restaurador del castillo de este pueblo.
No se sabe la fecha exacta del encargo de la copia del cuadro, pero tuvo que ser antes de 1920, año en el que Manuel López de Ayala fallece a los cincuenta y dos años.
En 1924, la revista El Castellano Gráfico publica un extenso artículo sobre las fiestas de Guadamur. En esa época el hermano mayor de la hermandad era don Patricio Gutiérrez, alcalde de la localidad.





En este año de 1924 se empieza a iluminar el cuadro en la carroza en el ofrecimiento. En la fotografía del fotógrafo Rodríguez, que se publica en la revista El Castellano Gráfico, se puede observar este detalle.
Iluminación del cuadro de la carroza

En 1929 la junta de la hermandad de Nuestra Señora de la Natividad decide construir una nueva carroza. El encargo de la misma se hizo a los talleres del ebanista Moraleda de Sonseca, siendo recogido este hecho en el semanario El Castellano.
En 1935 se tiene noticia de nuevas rogativas a la Virgen durante el mes de abril para implorar el beneficio de la lluvia, debido a otra sequía en esos meses. Se celebró una procesión de bajada desde la ermita a la iglesia donde estuvo varios días, en los que todas las tardes se celebró una novena en su honor. Durante estos días la lluvia hizo su aparición para júbilo de todo el pueblo. Posteriormente, la Virgen se trasladó en procesión de nuevo a su ermita.
Guerra Civil
En el año 1936 con el comienzo de la Guerra Civil se destruyó el cuadro de la Virgen de la Natividad, así como la carroza, en la que se llevaba en procesión el mismo, que fueron pasto de las llamas. Cuando se apagó la hoguera y desaparecer el peligro de ser castigados, varios vecinos del pueblo se acercaron al montón de cenizas tratando de recuperar cualquier parte del cuadro que no hubiese ardido. Fue así como Margarita Matamala Aparicio rescató un fragmento con la cara de la Virgen niña, que, de forma milagrosa, se había salvado de la quema, y lo guardó como su objeto más preciado.
Como ella, otros vecinos pudieron salvar diversos pedazos del cuadro original, y los guardaron como auténticas reliquias escondiéndolos en sus casas.
Siglo XX después de la Guerra Civil
El quince de agosto de 1939 se celebró un cabildo general, después del paréntesis de la guerra. En este cabildo se acometió la tarea de reorganización de la hermandad, obligada por la pérdida de algunos hermanos y por la destrucción del patrimonio, sobre todo del cuadro de la Virgen. Este cabildo estuvo presidido por don Patricio Gutiérrez Ruiz, quien fue elegido con hermano mayor, cargo que ya ostentaba antes de la guerra.
En estos primeros años después de la Guerra Civil fueron muy importantes las donaciones realizadas por vecinos del pueblo. La más importante, quizá, fue la entrega del fragmento de la cara de la Virgen a la Hermandad, que lo colocó en un marco de plata ovalado para ser presentado a los hermanos en el ofrecimiento durante las fiestas de septiembre.
También fue muy importante la donación por Teresa Carrillo Alonso de la copia del cuadro de la Virgen, obra de Manuel López de Ayala como hemos comentado anteriormente, y que suplió al que ardió en la Guerra, hasta 1975. Doña Teresa Carrillo Alonso posiblemente había heredado este cuadro de su tío don Juan Carrillo de Silos, quien fue párroco de Guadamur y que murió en la contienda.
Durante la misa mayor del día 8 de septiembre de 1939, los niños que no había podido tomar la primera comunión en los tres años anteriores lo hicieron delante del cuadro de Nuestra Señora. En este año de 1939 se suspendieron las fiestas profanas en duelo por los hermanos fallecidos.
En 1941 se decide construir una nueva carroza pagada íntegramente por don Patricio Gutiérrez y don Felipe del Cojo Barrios. En 1943 se decidió mejorar el aspecto de la imagen de la Virgen adquiriendo un trono con frontón triangular sobre columnas a modo de portada clásica.
Durante los años posteriores a la Guerra Civil, las fiestas profanas fueron creciendo, con la realización de juegos populares, como carreras de sacos, cucañas, carreras pedestres, elevación de globos, actos deportivos como carreras ciclistas, concursos de tiro al plato y por supuesto las corridas de toros, en las cuales algunos años los propios vecinos del pueblo hacían de toreros. También encontramos actos culturales como el teatro, cuya primera aparición se dio en 1944 bajo la Dirección del maestro Jacinto Guerrero, natural del cercano pueblo de Ajofrín, que fue nombrado Hermano Honorario de la Hermandad, o los bailes en la plaza, que corrían a cargo de la banda de música local.
En 1946, don Patricio Gutiérrez Ruiz se encontraba enfermo postrado en su cama. El día 8 de septiembre, cuando la procesión con la imagen de la Virgen pasaba por su casa , paró un momento como detalle con el hermano mayor y en ese momento falleció a los 71 años de edad.

En el cabildo del 15 de Agosto de 1947 fue propuesto y designado nuevo hermano mayor don Cirilo Gutiérrez Gutiérrez, hijo de don Patricio Gutiérrez, que había ejercido hasta esa fecha como secretario. Este mandato tendría una duración de más de veinte años, hasta el año 1969. En esta nueva etapa de la hermandad, a Don Cirilo lo acompañaría don Felipe del Cojo Morales como secretario de ésta, así como los anteriores cargos de la junta directiva de su padre, aunque, debido a la extensión de su mandato, fueron sucediéndose varias personas en los distintos puestos a lo largo de los años.
En 1960 la Hermandad adquirió un nuevo retablo para la Ermita, pagado gracias a los donativos de los hermanos y procedente de la iglesia toledana de Santiago del Arrabal, dejando así el cuadro de estar colocado, como lo estaba hasta ese momento, en un humilde poyete.
En estos años aumentó el patrimonio de la hermandad, gracias a la generosidad de algunos de sus miembros: una nueva lanza para la carroza, la sustitución de la bandera de baile, una mesa de altar, donada por Leonor Pedernal y su familia, y sin duda la aportación más importante en esta época, la bandera de lujo, donada por doña Amparo del Cojo Morales en 1963.
La carroza que portaba a la Virgen aun no siendo sustituida sufrió diversas modificaciones, como la instalación de dos nuevas cintas en los laterales para acompañar a la Virgen, o la instalación de remates y soportes de latón para embellecerla; pero la reparación más importante que sufrió la carroza en esta época fue la que se realizó en 1966 y que sufragó íntegramente el hermano Alejandro Laguna.




Durante el mandato de don Cirilo Gutiérrez, se fue aumentando progresivamente los festejos y actos de las fiestas profanas. Empezaron a celebrarse numerosos actos deportivos como partidos de futbol, carreras ciclistas, carreras pedestres, veladas de boxeo o concursos de tiro al plato, completados con cucañas, concursos de adorno de calles, concursos de flamenco, campeonatos de mus, corridas de toros y demás festejos populares. Por supuesto, este aumento de las fiestas profanas provocó el incremento del presupuesto destinado a las mismas.
La pólvora y la música, esta última siempre a cargo de la banda local y de su director, don León María Ayuso, se consolidaron como los gastos más importantes de las fiestas, siendo entre ambas, la mitad del cargo de gastos de cada año.

Durante estos años, en concreto en 1965, se construyó el depósito para el abastecimiento de aguas de Guadamur, situado detrás del ábside. Durante las obras de excavación apareció un buen numero de tumbas y esqueletos, que no pertenecían al cementerio anexo a la ermita ya que no llegaba hasta allí. Por tanto, estos restos pertenecerían a otro cementerio más antiguo situado en la zona este de la ermita, lo que confirma la antigüedad del templo.
Los años setenta
En 1970 se nombra una nueva junta directiva, ya que don Cirilo Gutiérrez había presentado el año anterior su dimisión irrevocable, aunque se mantuvo en el cargo una año más. Se nombró a don Mario Morales Sánchez, como nuevo mayor, así como a una nueva junta directiva. También se estableció una comisión de fiestas religiosas y otra de festejos, así como una de asuntos económicos para dividir el trabajo entre los miembros de la junta directiva.
En 1972 se rompió el trono que albergaba el cuadro de la Virgen, por lo que hubo que encargar un nuevo trono en el que intervinieron don Pablo García Patiño y don Benito Velasco, así como don José Ruiz Vázquez que montó la iluminación del cuadro.
En el periodo de cinco años que habría de durar el mandato de don Mario Morales Sánchez se sucedieron tres hechos fundamentales que marcarían el futuro de la hermandad: la restauración de la ermita de Nuestra Señora de la Natividad, el encargo de un nuevo cuadro de la Virgen y la elaboración de unos estatutos.
La restauración de la ermita fue un proyecto impulsado con la llegada a la localidad del nuevo párroco don José Tarjuelo Fernández, cuyas obras fueron sufragadas por todos los vecinos del pueblo.
Así comenzaron las ansiadas obras de restauración, las cuales habían sido pedidas por el anterior párroco Don Eugenio Sabrido en 1972, sufragadas por todos los vecinos del pueblo.
Durante el tiempo que duraron las obras, las novenas se celebraron en la iglesia de Santa María Magdalena y se produjeron algunos cambios en el recorrido procesional. Por ejemplo, durante algunos años se bajó la Virgen el día 1 de Septiembre y en 1975 la procesión de subida cambió de itinerario pues a causa de las obras de restauración la Virgen permaneció todo el año en el templo parroquial.

La descripción de la restauración de la ermita se describe en el apartado de Restauración de la ermita de Nuestra Señora de la Natividad.
Al mismo tiempo que se ejecutaban las obras de restauración de la ermita se pensó en la realización de un nuevo cuadro que albergara la cara de la Virgen niña que se salvó de la hoguera de la Guerra Civil. Para ello se contactó con Manuel Sánchez Sánchez, artista local, quien también ejerció de director de las obras de restauración de la ermita. Manuel Sánchez Sánchez hizo un trabajo extraordinario introduciendo en la nueva imagen todos los pedazos del cuadro original que los vecinos del pueblo guardaban desde que este fue destruido en el 36, entre ellos la cara de la Virgen. También dirigió los trabajos del nuevo trono realizado por don Pablo García y don Pedro Alonso Consentino, conservando del antiguo trono el reverso del cuadro, donado por doña Pilar del Cojo y que fue instalado en el nuevo cuadro.
Por último, hay que destacar la redacción de unos estatutos de la hermandad durante este mandato, lo que motivó que fuera un periodo de transición entre la organización antigua de la hermandad y la nueva estructuración que continua hasta nuestros días. Los estatutos fueron elaborados de forma conjunta entre el párroco don José Tarjuelo y la junta directiva y fueron refrendados por el prelado de la diócesis entre 1973 y 1974 y entre otras cosas trataban de la no distinción entre hermanos y hermanas, el derecho a voto de sus cofrades de entre 18 y 70 años para los asuntos de la hermandad y la exención de cuota para los hermanos honorarios.

Durante el cabildo del 15 de agosto de 1975, una vez terminado el mandato de don Mario Morales Sánchez, se discutió sobre la organización de la hermandad , decidiéndose dar un giro democrático, permitiendo así una mayor participación de sus componentes. Por ello en el cabildo del 9 de septiembre de ese mismo año, se confeccionó una lista con todos aquellos que estaban dispuestos a presentarse como hermano mayor, y tras una votación reñida acabó siendo elegido como hermano mayor don Eugenio Lorente de Diego.
Durante su mandato se terminaron las obras de la ermita, en 1976, así como el nuevo cuadro de la Virgen, que se montó en su nuevo trono. El día 4 de septiembre se procedió a la inauguración de la ermita por parte del eminentísimo Cardenal primado de Toledo, Marcelo González Martín. Al finalizar el acto de bendición, en la misma explanada de la ermita se realizó una homilía por parte del Cardenal, y se disfrutó de la actuación de los coros y danzas del pueblo.



El culto continua sin interrupción varios siglos más y nuevamente entre los años 1975-76 un nuevo aumento de devotos y hermanos lleva a la reorganización de la hermandad tal como continúa en la actualidad: hermano mayor elegido por el cabildo de la hermandad, cada cuatro años y junta directiva, elegida por el propio hermano mayor, mucho más amplia de lo que lo habían sido hasta 1975.
Los años ochenta
Don Eugenio Lorente presentó su dimisión en el cabildo del 9 de septiembre de 1980, no presentándose nadie que quisiese dirigir la hermandad, por lo que se produjo un vacío de dirección solucionado por el párroco don José Tarjuelo que animó al resto de la junta directiva a organizar las fiestas de 1981 bajo la dirección interina de su vice-hermano don Cándido Sánchez Alonso, hasta que en el próximo cabildo se eligiera nuevo hermano mayor.
Durante la fiesta de 1981 se produjeron diversos cambios y nuevos actos, como la primera ofrenda floral realizada a la llegada de la Virgen a la parroquia, donde personas ataviadas con el traje regional, en su mayoría niños, ofrecieron flores, poesías y bailes a la Virgen. También se realizó el baile de la bandera. Otro cambio que se produjo fue el regreso de la fiesta profana y el baile a la plaza, para que la pudieran disfrutar todas las personas del pueblo, ya que se venía realizando en salones cerrados previo pago.
En el cabildo del 9 de septiembre de 1981 de esas mismas fiestas fue elegido como hermano mayor, Cándido Sánchez, que hasta entonces había dirigido la hermandad en la interinidad.
En 1982, la junta decide confeccionar una carroza a juego con el trono de estaño que la pasada junta había realizado, también se sustituye el estandarte por uno nuevo, agradeciéndose públicamente a diversas empresas y personas particulares, como Cerrajería Mabramar, don Pablo García Patiño y a la familia Alonso Consentino, sus donaciones y trabajos desinteresados para la realización de ambos objetos.
Durante este mandato se decidió edificar un salón parroquial junto a la casa del párroco, gracias a la buena salud que mostraban las cuentas de la hermandad, esta pudo contribuir con dicha obra con la donación del superávit de las fiestas de 1983 así como el ofrecimiento íntegro del año 1984.


Para poder continuar con el buen saneamiento de las cuentas se decidió aumentar la cuota de hermano, así como subastar además de la lanza, el empuje para la entrada de la carroza en la ermita; también se ampliaría el número de cintas que llevaría la nueva carroza hasta un total de ocho. El patrimonio de la hermandad también se vio engrosado con una nueva lanza y con la mejora del recinto de la ermita por la instalación de una fuente y ocho bancos de piedra en 1984.
Durante este mandato se realizó la reproducción del conjunto de coronas del tesoro de Guarrazar, que se describe con detalle en el apartado de La reproducción del Tesoro de Guarrazar que se conserva en la ermita, de esta página web.
La ofrenda del Tesoro tuvo lugar en la ermita el sábado, 31 de agosto de 1985, durante el novenario. Las coronas fueron ofrecidas por cuatro parejas y dos niños, entre las que se encontraban el hermano mayor, Cándido Sánchez, y su esposa, Conchita, el artífice de las coronas Manuel García Velasco y su tía, el diseñador de las coronas, Pedro Alonso Cosentino, y su esposa Tomasa Revenga, y el antiguo veredista de la hermandad y su esposa.
En el cabildo de 1985, el hermano mayor puso a disposición su cargo, terminando así su mandato. Se presentaron dos candidatos, don Juan Villanueva Alamillo, que era el vicehermano mayor saliente , y doña Concepción Alonso Arévalo, que se convertía así en la primera mujer que trataba de aspirar a este cargo. En la votación realizada el día nueve de septiembre, salió elegido don Juan Villanueva Alamillo.
Durante estos cuatro años el patrimonio de la hermandad continuó ampliándose. En 1986 se realizó la reproducción de la famosa cruz de Recaredo, perteneciente también al tesoro de Guarrazar.
A partir de este año esta cruz procesional, estrenada en 1986 y realizada por don Manuel Velasco, que sería subastada cada año entre los hermanos. También se ofrecieron cuatro bastones para que los niños pudieran llevarlos en las procesiones.
Se mejoró el recinto de la ermita con la ejecución de la primera y segunda fase del banco corrido de cierre del perímetro del cerro en granito con respaldo de forja artística. También se realizaron unas escaleras de acceso a este recinto por la zona este, también de granito con barandilla de forja. Se amplió el número de farolas y bancos, así como la colocación de una fuente. Estas obras se sufragaron por la hermandad y la Diputación Provincial de Toledo.

Se mejoró el recinto de la ermita con la ejecución de la primera y segunda fase del banco corrido de cierre del perímetro del cerro en granito con respaldo de forja artística. También se realizaron unas escaleras de acceso a este recinto por la zona este, también de granito con barandilla de forja. Se amplió el número de farolas y bancos, así como la colocación de una fuente. Estas obras se sufragaron por la hermandad y la Diputación Provincial de Toledo.
También durante esta junta directiva comenzó la tradición de la realización del símbolo de María en flores para adornar la iglesia en fiestas, que duraría hasta la adquisición de un repostero con el mismo símbolo.
Otra decisión de esta junta directiva fue la contratación de polvoristas valencianos en detrimento de los del pueblo de Magán que son los que hasta esa fecha habían estado tirando la pólvora en las fiestas de la Virgen.
En 1989, último año de esta junta, se produjo la despedida del párroco don José Tarjuelo, párroco, que había asistido a momentos tan cruciales de la hermandad, como la restauración de la ermita, la reproducción de las coronas del Tesoro de Guarrazar o la creación de los estatutos. El día 12 de septiembre de ese mismo año, se le tributó un homenaje, coordinado por el secretario de la Hermandad don Jesús Sánchez Alonso.
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