En este apartado se irá incorporando información sobre algunos misterios y leyendas que envuelven al Tesoro de Guarrazar, como es el caso de Lacceo.

Lacceo

Lacceo es una leyenda de la que nunca se ha tenido la más mínima evidencia.

San Isidoro la menciona en algunos de sus escritos, pero de una forma enigmática, sin entrar en detalles, sin decir su nombre, como si recogiera el testimonio de historiadores antiguos como Estrabón o Plinio el Viejo, y siempre hablando de ella como un sueño inalcanzable o, posiblemente, sin querer desvelar nada del mismo.

También aparece en los escritos de otros historiadores, pero sin dar un testimonio fidedigno del cual podamos sacar alguna información veraz.

San Isidoro
Estrabon
Plinio el Viejo

Lacceo, aunque siempre ha estado envuelta en el misterio, ausente en los libros de historia e invisible para todo el mundo, también siempre ha sido aspiración de buscadores de quimeras, sueño de exploradores del mundo antiguo, pretensión de ladrones de reliquias y obsesión de hombres con ansias de poder y riquezas. Hombres que han dedicado su vida a escrutar la historia escondida en la memoria escrita y en las leyendas que pasan de generación en generación, con el fin de encontrar algún indicio, por mínimo que sea, que pueda conducir a encontrarla.

Se contaba que en Lacceo existían riquezas sin igual escondidas por fuerzas del mundo antiguo y objetos sagrados depositados allí por la mano de Dios. Leyendas sobre dioses y demonios, el bien y el mal en lucha continua, que habían dejado su huella en ese lugar.

El mismo Felipe II dedicó muchos recursos en su búsqueda. El rey era una persona con profundos sentimientos religiosos. Dios estaba muy presente en su vida cotidiana.

En su correspondencia y en sus declaraciones solía repetir frecuentemente: «El servicio a Dios y el mío, que es lo mismo» y «Prefiero perder todos mis dominios antes que comprometer a la religión».

Lacceo

El rey estaba obsesionado con las reliquias de los santos, siguiendo la doctrina del Concilio de Trento, y qué mejor lugar para guardarlas que el Monasterio de El Escorial que estaba construyendo y en el que llegó a reunir más de siete mil restos sagrados, que veneraba con devoción.

Por lo que sabemos de los escritos de fray José de Sigüenza, que fue, entre otros cargos, bibliotecario del Monasterio de El Escorial y cronista de la ejecución del mismo, el lugar para edificar el edificio estuvo motivado por la creencia de que allí se encontraba una puerta del Infierno.

Pues bien, Felipe II también estaba obsesionado con la búsqueda de Lacceo.

Felipe II
Sofonisba Anguissola (Museo del Prado)

Al mismo tiempo que se iniciaron las obras del monasterio, Felipe II encargó a Ambrosio de Morales, que era cronista real, la búsqueda de manuscritos, legajos y obras impresas para la biblioteca que se iba a instalar en El Escorial.

Además, las Cortes solicitaron al monarca que continuase la publicación de las Crónicas de España, iniciadas por Florián de Ocampo, con el fin de contar con una historia de la nación seria, alejada de las leyendas y supersticiones de antaño.

Morales se marcó como objetivo la elaboración de una historia de España que estuviera avalada por la investigación arqueológica, así como por la documentación contenida en los distintos archivos y bibliotecas del país. Esto lo llevó a embarcarse en una ardua labor recorriendo toda la geografía española, de norte a sur y de este a oeste, buscando datos, contrastados por las evidencias científicas y documentales, que sirvieran de base para la redacción de una historia fidedigna de nuestro país, que, hasta entonces, estaba envuelta en las tinieblas de las fábulas medievales.

Biblioteca del monasterio de El Escorial

Durante los viajes que acometió por toda la geografía española recuperó numerosos manuscritos, códices, legajos, crónicas y anales, así como otros documentos históricos que fue estudiando concienzudamente con el fin de que sirvieran de base sólida para la interpretación de la historia de España. Además, consiguió rescatar esos documentos de una destrucción segura llevándolos a la biblioteca que se estaba formando en el Monasterio de El Escorial, como por ejemplo el Códice Emilianense de los Concilios.

Morales fue el primer historiador en establecer un método científico para el estudio de la arqueología basado en las fuentes documentales contrastándolas con los restos arqueológicos encontrados, dando una especial importancia a la numismática porque en las monedas se podían encontrar los nombres antiguos de las ciudades sin las deformaciones originadas por las sucesivas copias de los manuscritos.

Pero su aportación más importante fue en el campo de la epigrafía, ya que sentó las pautas para la interpretación de las inscripciones romanas, estableciendo una tipología de los epígrafes, a partir de la morfología del monumento y de la finalidad que originariamente poseía la inscripción, al soporte donde estaba labrada la inscripción, así como a su procedencia y, sobre todo, al estudio de las formas de las letras para que sirvieran de base para la datación de las inscripciones. Estableció las pautas para que los demás historiadores pudiéramos estudiar de un modo científico las inscripciones de lápidas, epitafios y monumentos.

Morales recorrió España en busca de evidencias históricas, así como de lugares santos y de reliquias que en ellos se pudieran encontrar. En la Real Academia de la Historia se conserva un manuscrito original, publicado dos siglos más tarde por Enrique Flórez, denominado Relación del viaje que Ambrosio de Morales Chronista de S.M. hizo por su mandato el año de 1572 a Galicia, Asturias y León, en donde se describen las reliquias guardadas en monasterios e iglesias de estos tres reinos, así como los manuscritos y documentos que se encontraban en los mismos.

Muchos historiadores son de la opinión de que, aparte de los estudios que estaba realizando para la historia de España, Felipe II le había encargado encontrar evidencias que pudieran llevarlos a encontrar la situación de Lacceo.

Aunque Lacceo pertenecía al ámbito de la fábula, muchos a lo largo de la historia la habían buscado y el rey, que estaba obsesionado con la idea del Infierno, puso todos los medios posibles para encontrarla, ya que el lugar donde pudiera estar era una incógnita.

Viage de Ambrosio de Morales, por orden del rey D. Felipe II a los Reynos de Leon y Galicia, y Principado de Asturias,

Morales no tuvo éxito en sus primeros viajes por el norte y entonces, dado que recorrer España de forma exhaustiva era misión casi imposible, propuso al rey la elaboración de un cuestionario, que se envió a todas las ciudades y pueblos de España, en donde se solicitaban datos de cada localidad: su toponimia, número de habitantes, historia del pueblo, monumentos más importantes, varones ilustres, castillos y fortalezas, recursos naturales, patrimonio civil y eclesiástico y, por supuesto, iglesias, ermitas, lugares santos y reliquias importantes.

En cada localidad, unos responsables, nombrados por el rey con las indicaciones de Ambrosio de Morales, fueron los encargados de designar a las personas que responderían a este cuestionario.

De esta forma se recibió una ingente información, de más de setecientos pueblos españoles, recogida en las denominadas Relaciones de la historia y topografía de los pueblos de España, pero en las que tampoco apareció ningún dato sobre Lacceo, o, por lo menos, en la documentación que se ha guardado y llegado hasta nosotros.

No sabemos si encontraron algún dato de valor que atestiguara algo sobre ello y que, intencionadamente, fuera excluido de las Relaciones topográficas por Ambrosio de Morales.

Relaciones Topográficas de Felipe II

En la novela se hace la hipótesis de que Guarrazar (o Sorbaces como parece que se llamaría el complejo religioso edificado por los visigodos en ese lugar), escondería en las entrañas de la tierra este lugar mítico que es Lacceo.

Próximamente iremos subiendo contenidos de otros misterios que aparecen en esta novela.