Después de la reconstrucción y apertura al público de la Armería Real, cuyas obras finalizaron en 1893, se trasladaron allí, de nuevo, todas las piezas que se conservaban en el antiguo edificio.
La disposición de piezas y armaduras en el nuevo edificio de la Armería Real seguía la tendencia de los museos y galerías del siglo XIX, con un abigarramiento algo excesivo, muy lejos de la disposición minimalista que tiene este espacio en la actualidad.
En la fotografía de la revista La Esfera de principios del siglo XX, se puede observar la disposición de la sala principal.
A la nueva armería se llevaron las piezas del Tesoro de Guarrazar que se guardaban en Palacio, es decir, la corona de Suintila, la corona del abad Teodosio, la cruz de Lucecio, un trozo de corona de enrejado, la esmeralda con un hueco grabado de la Anunciación y numerosas perlas y piedras preciosas.
Los dos brazos de la cruz procesional junto con otras piezas y otras piedras preciosas, que vendió el diamantista José Navarro al Ministerio de Fomento, se llevaron al Museo Arqueológico Nacional.
Las piezas del Tesoro de Guarrazar estaban colocadas dentro de una vitrina de cristal en la parte central de la sala de la armería. Esta vitrina disponía de un panel de separación en su mitad, creando dos espacios diferentes, uno a cada lado.
En uno de ellos se encontraban las piezas del tesoro compartiendo espacio con el manto y las espuelas de Fernando III.
El 4 de abril de 1921 se produjo un robo en la Armería del Palacio Real de Madrid, desapareciendo algunas piezas del Tesoro de Guarrazar que allí se conservaban:
la corona de Suintila, la corona incompleta de enrejado, un florón de oro y cristal de roca y 16 piedras preciosas.
Sin embargo no se llevaron ni la corona del abad Teodosio ni la cruz de Lucecio como tampoco tocaron los objetos pertenecientes a Fernando III.
El caso empezaron a llevarlo desde la comisaria de Centro a cargo del comisario jefe de la Brigada Móvil, Enrique Maqueda, así como desde el Juzgado de Instrucción de Distrito de Palacio.
Se dispone de amplia información sobre este robo a través de los periódicos, que se hicieron eco rápidamente de este lamentable suceso, aparte de estar perfectamente documentados a través del expediente 1901 del año 1921 de la Audiencia Provincial de Madrid, que se conserva en el Archivo Histórico Nacional, y del expediente 326 del año 1921 de Juzgado de Instrucción del Distrito de Palacio de Madrid, que se conserva en el Archivo General de la Administración, en Alcalá de Henares.
A través de estos dos expedientes y de los periódicos se puede hacer un seguimiento de los testimonios y declaraciones de los distintos testigos e implicados en este robo.
Estos expedientes abarcan un periodo de tiempo de varios años: desde 1921, cuando se cometió el robo, hasta 1932, cuando, definitivamente, se cierra este caso, es decir un periodo de más de diez años, en los que, desgraciadamente, no se pudieron recuperar las joyas robadas ni detener a ningún culpable, siendo este robo un misterio que perdura hasta nuestros días.
El primer paso que dio la Policía fue el interrogatorio de los trabajadores de la Armería Real que se encontraban esa mañana en el edificio para ver si podían aclarar lo sucedido. Además, el comisario, don Antonio Maqueda dispuso que el personal de su brigada recorriera las casas de préstamos y establecimientos de joyería y platería, por si las joyas robadas hubieran sido vendidas en alguno de ellos.
También se envió orden al personal del Gabinete de identificación de la Dirección de Seguridad para que se personaran en la Armería para tomar fotografías de las impresiones dactilares que pudieran aparecer en los cristales de la vitrina en donde se encontraban depositados los objetos.
Los diarios de la tarde se hicieron eco de la noticia indicando que en la Dirección de Seguridad se habían depositado 5.000 pesetas como recompensa a quien pudiera facilitar noticia o confidencia para recuperar los objetos robados.
A continuación se expone un resumen de las declaraciones efectuadas por la Policía para más tarde intentar hacer un esquema general que pueda aclarar cómo pudo efectuarse este robo.
Manuel García Arce, portero de la Armería Real:
«Que a las diez aproximadamente de la mañana, llegó un sujeto de unos 25 o 30 años, con gorra clara y traje, también claro, deteriorado, de mediana estatura, con poco bigote y de color pálido, el cual permaneció visitando el referido local hasta las once y cinco, hora en que fue relevado por su compañero, Modesto Fernández, el cual despachó un billete a un Guardia Civil que vestía traje con capa, con tricornio, sin funda; poco después entraron tres señoritas extranjeras, y tanto estas como el Guardia Civil, salieron antes que el individuo de la gorra, haciéndolo unos cinco minutos después que el Guardia. Al salir este, dio una vuelta el portero por el salón, notando entonces la rotura del cristal de la vitrina y la falta de las coronas mencionadas».
Francisco Cardín González, pintor y dorador:
«Que hallándose en la portería de la Armería Real acompañado del portero Manuel García Arce, llegó un sujeto que preguntó si era hora de entrada, pasando sin sacar billete por no encontrase allí en aquel momento el conserje , Modesto Fernández Rodero. Dicho sujeto era alto, delgado, con poco bigote, pálido, vistiendo traje oscuro rayado algo deteriorado y boina. Acto seguido, el declarante entró en la sala de exposición donde estuvo pintando un pedestal, observando además del referido, la presencia de dos mujeres de tipo artesano acompañadas de un individuo alto con bigote, viendo también a un Guardia Civil que estaba visitando el salón y a dos señores extranjeros. Que una vez terminado su trabajo se marchó al taller».
Modesto Fernández Rodero, empleado de la Real Armería:
«Que sobre las diez de la mañana del cuatro del actual llegó el declarante a la Armería Real a tomar servicio para trabajar como electricista y carpintero. Que el declarante recuerda haber despachado billetes a tres señoritas extranjeras, pero no vio a ninguna otra persona sí al Guardia Civil.
Que no vio al individuo del que le preguntan de gorra clara y no sabe si este es o no el autor del robo…, Que los autores del robo debieron aplastar las coronas para sacarlas del Real Armería porque si no lo hubieran apercibido a la salida».
Restituto Sevilla Manzanedo, guardia civil del cuartel de Bellas Artes en los Altos del Hipódromo:
«Que en la mañana del día cuatro del actual, y sobre las diez y media visitó el Museo de la Armería Real, previo pago de unas pesetas. Que en el momento de entrar, vio en la sala de exposición , a dos mujeres de veinticinco a treinta años, vestidas al modo de artesanas que hablaban con un hombre alto, fuerte, con bigote, con tipo de artesano y vestido con traje oscuro: Que al recorrer la sala se fijó en la vitrina central reparando en algunos de los objetos en ella expuestos y notando que un cristal de uno de los costados de dicho mueble estaba roto, no viendo en ninguno otro señal de fractura: Que después de recorrer la susodicha sala recuerda perfectamente que, además de las dos mujeres y el hombre ya mencionados, entraron en el local dos individuos altos, de buen porte y que por su manera de hablar comprendió que se trataba de dos extranjeros: Que al marcharse, serían las once encontró al portero en la parte exterior del edificio hablando con dos mujeres y por la conversación que sostenían cree el compareciente que se trataba de personas conocidas de dicho empleado: Que mientras estuvo el compareciente en la sala referida, no vio que nadie se acercase a la vitrina».
Según el expediente del juzgado y la información aparecida en los periódicos, desde el primer momento, las sospechas recayeron sobre el sujeto de piel clara, con poco bigote y demacrado, que vestía un traje claro. Pero vamos a intentar hacer un poco de labor policial.
- Antes de las 9.00 h el portero da una vuelta de inspección, todo está en orden en la sala y la vitrina de las coronas se encuentra en perfecto estado.
- Hasta pasadas las 10.00 h no entra nadie, momento en el que lo hace el hombre del traje oscuro y bigote, acompañado de las dos mujeres, los dos caballeros extranjeros y el joven del traje claro y gorra.
- A las 10.30 h entró el guardia civil y un poco más tarde que el guardia civil entraron las tres señoritas extranjeras.
- Es decir, diez personas se encuentran en la armería en un intervalo de tiempo de menos de una hora, hasta pasadas las once, momento en que la sala se queda vacía y el portero se da cuenta de la sustracción de las coronas.
- El guardia civil entró en la sala y vio el cristal de la vitrina roto, aunque las coronas estaban intactas, lo que implica que alguien había intentado romper la vitrina antes de que él llegara, porque según ha afirmado el portero, la vitrina estaba en perfecto estado cuando él hizo la ronda antes de abrir. Eso quiere decir que alguien que estaba en la armería intentó el robo rompiendo el cristal, pero tuvo que abandonar su propósito al encontrarse otras personas en la sala, aunque parece difícil que alguien pudiera romper el cristal sin que los demás se dieran cuenta.
- Según Fermín Cardín González, él estuvo trabajando en la sala dorando el pedestal de una armadura y pudo ver a todos los visitantes. Es decir, si el guardia civil entró pasadas las 10.30 h y las tres señoritas extranjeras más tarde que él, queda una ventana de una media hora, en la que coincidieron todos en la sala.
- Si, como aseguró el guardia civil, las coronas estaban en su vitrina antes de que él saliera de la sala, solo pudieron robarlas entre las 11.00 h y unos 10 o 15 minutos más tarde, cuando salieron los dos caballeros extranjeros y el tipo del traje claro. Tiempo en el que el ladrón o ladrones tuvieron que ir hasta la vitrina sin que nadie se diera cuenta, terminar de romper el cristal, sacar las coronas, ocultarlas y salir de la Armería Real sin levantar sospechas.
- En cuanto a la búsqueda de culpables, tanto el guardia civil como las tres señoritas extranjeras estarían fuera de sospecha. De igual forma también se pueden descartar como sospechosos al hombre de bigote y traje oscuro con sus dos acompañantes femeninas, ya que salieron de la sala antes del guardia civil.
- Por tanto, solo pueden quedar como sospechosos, los dos caballeros extranjeros y el joven de traje claro y gorra, sobre quien recayeron todas las miradas, como hemos comentado anteriormente.
Como ya hemos comentado, los periódicos se hicieron eco rápidamente de este robo, algunas veces con sorna como podemos ver en las publicaciones que se adjuntan a continuación.
El periódico El Liberal, publicó una entrevista al insigne José Lázaro Galdiano, quien reflexionaba amargamente por la situación de los bienes culturales de España, que estaban siendo expoliados sin que los dirigentes de la nación hicieran nada para remediarlo.
«…En breve tiempo han robado el Tesoro del Delfín en el Musco del Prado ; los más raros y antiguos documentos en e! Archivo Histórico Nacional; las interesantísimas y únicas «Narraciones de Luceros», catalogadas por Alenda, en la Biblioteca Nacional, y, ahora, el Tesoro de Guarrazar en el Real Palacio.
José lázaro galdiano,
Esto es lo que sabemos: ¡qué será lo que ignoramos!
Repare usted que los edificios robados son los más importantes de la nación; aquéllos en que están depositadas las más puras glorias nacionales; todas catalogadas y con guardias permanentes noche y día, y sin embargo…»
periódico el liberal, 16 de abril de 1921
Tal como puede verse en la entrevista, José Lázaro Galdiano ponía sus sospechas, al contrario de la Policía en que los organizadores de estos robos eran gente culta y rica, con objetivos muy marcados, que salían siempre impunes de los mismos.
Tal como indicaba José Lázaro Galdiano, el robo del Tesoro de Guarrazar recordaba demasiado al robo del tesoro del Delfín en el Museo del Prado en 1918: un conjunto de vasos y otras piezas labradas en cristal de roca y otras piedras naturales, de las que se creía que tenían propiedades mágicas, decoradas con guarniciones de oro y plata, esmaltes y piedras preciosas, que pertenecieron a Luis XIV, quien regaló a su nieto Felipe V una selección de esas piezas y que posteriormente Carlos III depósito en el Real Gabinete de Historia Natural, pasando finalmente al Museo Real de Pinturas, actual Museo del Prado.
El juicio se celebró dos años más tarde del robo, en 1920, resultando un auténtico fiasco, absolviendo a todos los implicados, sin que ni siquiera el abogado del Estado recurriera esta sentencia, lo que provocó las críticas de la clase política, de los círculos intelectuales y de la prensa. Y eso que el comisario Ramón Fernández Luna había resuelto el caso y se habían detenido a los culpables en un plazo de tiempo muy corto, utilizando, por primera vez en España, el estudio de las huellas dactilares.
Tal como indicaba José Lázaro Galdiano en su entrevista, parecía que desde estamentos superiores se quisiera borrar la autoría de estos robos.
Dos semanas más tarde del robo, el juez Herrero le envió una comunicación al señor Intendente General de para permitir la entrada en la Real Armería a los peritos Luís Cuéllar de Fuentes, Fernando Blanco, Ignacio Collado Arquero y Mariano García Sabater con el fin de que pudieran llevar a efecto la tasación de los objetos robados.
Esta tasación no se realizó hasta el mes de septiembre, después de varios requerimientos del juez, aunque su testimonio solo consistió en la comprobación de los objetos sustraídos, indicando que el valor histórico de aquellas alhajas era muy superior a su valor económico.
Después de esto, el 21 de septiembre de 1921, el juez de distrito de Palacio, don Miguel Hernández y Fernández, dio por terminado el sumario al no encontrarse nuevas evidencias en el caso.
El 9 de febrero de 1922, la Audiencia de Madrid emite un comunicado procediendo al sobreseimiento provisional de la causa 326/1921 y se lo envía al Juzgado por si más adelante aparecen nuevas evidencias para reabrirlo.
Una semana más tarde, el 17 de febrero de 1922, el Juez Hernández recibe la carta de la Audiencia y dispone que se adjunte al expediente, dando por concluidas las diligencias, sin que se pudiera conocer a los autores del robo ni tener alguna pista sobre cómo ocurrieron los acontecimientos.
Nuevas evidencias en 1925
En el año 1925 aparecen nuevas evidencias sobre el robo de la Armería Real aunque, como veremos en este apartado, el desarrollo de los acontecimientos parece extraído de un folletín. En principio las diligencias empezaron a llevarlas desde el Juzgado de Instrucción del distrito de Hospicio, siendo director general de Seguridad, don Pedro Bazán.
El día catorce de mayo de 1925, comparecieron los inspectores del Cuerpo de Vigilancia, don Antonio Lino Pérez y don Antonio Pérez Caja ante el señor inspector de servicio en la Inspección de Guardia de la Dirección General de Seguridad, manifestando tener información sobre el robo de la Armería Real cometido el 4 de abril de 1921, en el que se sustrajo la corona de Suintila y otra corona de enrejado.
Al parecer, al inspector Antonio Lino Pérez le habían pasado información de que en la Cárcel Modelo de Madrid, situada en la plaza de Moncloa, se encontraba un recluso que tenía conocimiento sobre la autoría del robo, por lo que se presentó en la cárcel acompañado de Antonio González Sánchez, que era un confidente de la policía.
El recluso en cuestión se llamaba Francisco Carvajal Ovelar, estudiante de veintiún años, que llevaba nueve meses preso por un delito de robo, que les manifestó que las coronas habían sido sustraídas de la Armería Real por un tal Castor Rodríguez Acevedo, apodado el Cubano o el Castro, y por otro, al que llamaban Luis, el Inglesito. Las intentaron vender a una tal Joaquina Marqués, que vivía en la calle Santa Águeda número dos de Madrid, pero esta les indicó que ella no las compraba, pero que buscaría a una persona que entendiera de antigüedades para vendérselas. Joaquina se quedó con las alhajas y, al poco tiempo, les pagó algo más de mil pesetas, lo que les molestó a los ladrones por entender que era poca cantidad la que les entregaba por aquellas piezas.
El juez ordenó la detención de Joaquina Marqués Sánchez, que fue conducida al Juzgado del distrito de Hospicio para su interrogatorio, exponiendo lo siguiente:
…
Que se ha dedicado a la compra de objetos en el Monte y Casas de Préstamos y otros centros, que solía revender en puestos situados en distintos puntos de Madrid, por cuyo motivo conoce el ramo sobre esta materia.
Que no es cierto que haya intervenido en la compra de dos coronas visigodas sustraídas de la Armería Real, y que se supone la vendieron dos sujetos llamados Castor Rodríguez Acevedo, el Cubano o el Castro y a otro Luis el Inglesito, pues no conoce a dichos sujetos ni jamás ha tenido trato con ellos por ningún motivo y, por tanto, reitera que las susodichas coronas visigodas, no han estado nunca en su poder de la declarante ni ha intervenido en ninguna negociación de venta sobre ellas, ignorando la realidad de cómo fueron robadas de la Armería Real, pues solo sabe por Francisco Carvajal Ovelar y de dos sujetos llamado el uno Carlos y el otro el Candelas, que estos dos últimos con una hermana del Candelas habían sustraído las repetidas coronas, según la conversación de aquellos sostenida con la declarante al tratar de otros negocios de venta, sobre unas telas con cortes pequeños, de cuya venta no pudo ocuparse la declarante por no dedicarse al negocio debido a la enfermedad que sufría.
Que ratificándose en cuanto dice en la declaración prestada en la Comisaría y que se lee en este acto, tiene que confirmar que los citados sujetos Carlos y Candelas acompañados de Francisco Carvajal en este hecho mencionado precedentemente afirmaron que las coronas visigodas supradichas, se las habían vendido a una tal María Paz de Madrid, que se dedicaba a comprar objetos procedentes del robo, y a tomar parte en esos encargos.
Francisco la visitó días después para decirla que tuviera gran precaución en no hablar del robo de las coronas referidas porque se trataba de sujetos dedicados al robo de gran peligro y que sin vacilar la matarían en cuanto supieran que tenía conversación sobre el particular.
Que ignora los apellidos y domicilio del Carlos, del Candelas y su hermana y de la María Paz, pues hace tiempo no tiene relaciones con ellos, y por tanto nada sabe sobre sus paraderos, y que nada más sabe ni puede responder a las preguntas del Juez sobre los hechos que motivan su declaración pues no tuvo otra participación aparte de la consignada en la presente declaración en los hechos que motivan estas diligencias.
Declaración de Joaquina Marqués Sánchez ante el juez Conde en el Juzgado de Instrucción del Distrito del Hospicio y de guardia, 14 de mayo de 1921
Esta declaración no coincidía con la información dada por el preso Francisco Carvajal Ovelar al inspector Antonio Lino, por lo que el juez Conde, junto con el inspector Antonio Lino Pérez y el inspector Antonio Pérez Caja se desplazaron a la cárcel modelo de Madrid para tomar declaración oficial al preso.
A continuación, transcribimos la declaración de Francisco Carvajal Ovelar, que causó estupor en el juez y a los dos inspectores, como podrán comprobar:
…
Que está preso en la Cárcel sujeto a un procedimiento de hurto en el Juzgado del Congreso de esta Corte. Que cuando fue detenido hace unos nueve meses vivía con la pensión que le mandaban sus padres y se dedicaba a sus estudios.
Que no conoce a los sujetos llamados Castor Rodríguez Acevedo el Cubano o el Castro ni a Luis el Inglesito o al menos por estos nombres no recuerda de qué personas se trata.
Que sí conoce a Carlos Juan o Juan Carlos González Ripoll y a Francisco Pastor Borrell llamado el Candelas que fueron presos con el declarante por el hurto supradicho, encontrándose en libertad el primero y el segundo preso en esta cárcel. Que no conoce a la hermana del Candelas ni a María Paz pues sobre las personas de estas mujeres nada sabe ni conoce el declarante.
Que conoce a Joaquina Márquez Sánchez por tener esta unas muchachas en su casa que se dedican a la prostitución con las cuales tenía sus relaciones sexuales el declarante por razón de la edad.
Que es cierto que días pasados fue interrogado cuatro o cinco veces por dos agentes de Policía sobre el robo de las coronas visigodas del Rey Suintila sustraídas de la Armería Real, y no es cierto que el declarante manifestase a los citados agentes que dichas coronas habían sido robadas por dos sujetos llamados Castor Rodríguez Acevedo El Cubano o El Castro y otro llamado Luis El Inglesito y que estos las vendieron a una mujer llamada Joaquina domiciliada en la calle Santa Águeda número dos de esta Corte, pues nada sabe del declarante sobre tal robo y, por tanto, nada puede decir a la justicia sobre el particular.
Que tampoco es cierto que en la casa de Joaquina Márquez Sánchez a la que fue el declarante a fines de septiembre del año 1922 acompañado de sus amigos Carlos Juan González Ripoll y Francisco Pastor Borrel, llamado El Candelas, para ver a una muchacha llamada Maruja con la cual tuvieron trato carnal sin que en esa reunión el Carlos y el Candelas dijeran que ambos con la hermana del segundo habían robado de la Armería Real dos coronas visigodas de Suintila vendiéndolas a una tal María Paz que las negoció en Barcelona o Valencia, pues como queda expresado, el objeto de aquella visita a la Joaquina fue el tener tratos carnales con la Maruja.
Que asimismo es incierto que el declarante formase parte de una cuadrilla con los sujetos citados en esta declaración dedicados a la sustracción de objetos en los sitios que podían, pues solo mantuvo relaciones con el Juan Carlos y el Candelas con objeto de los estudios o del hospedaje y, por tanto, en nada puede ilustrar a la justicia sobre este particular.
Declaración de Francisco Carvajal Ovelar en la cárcel celular de Madrid antes el Juez Conde, 14 de mayo de 1925.
Es decir, Francisco Carvajal Ovelar, niega ante el juez Conde que él hubiera pasado ningún tipo de información al inspector Antonio Lino sobre el robo en la Armería Real, diciendo que no conoce de nada a los dos sujetos mencionados: Castor Rodríguez Acevedo El Cubano o El Castro y Luis El Inglesito.
Por otra parte, dice que sí conoce a Joaquina Marqués Sánchez, pero porque esta señora dirige una casa de citas y que un día fue a su casa con sus amigos Carlos Juan González Ripoll y Francisco Pastor Borrel, llamado El Candelas, para tener trato carnal con una muchacha llamada Maruja, pero que en ningún momento sus amigos Carlos y el Candelas dijeran que ambos con la hermana del segundo habían robado la corona de Suintila y otras piezas de la Armería Real.
Ante estas contradicciones el juez Conde mandó que se celebrara un careo entre Francisco Carvajal Ovelar y Joaquina Marqués Sánchez en el juzgado de Hospicio, que no aportó ninguna información adicional ya que cada uno de ellos siguió defendiendo su declaración anterior.
El juez Conde ordenó la investigación de la persona de Joaquina Marqués Sánchez, para averiguar si, como afirmaba Francisco Carvajal Ovelar, se dedicaba al negocio de la prostitución y era cierto que regentaba una casa de citas.
Con este fin tomaron declaración a Graciano Flores Fernández, que era sereno de comercio en la calle Santa Águeda, y que no pudo aportar ninguna información sobre este particular, afirmando que Joaquina le merecía un buen concepto. También tomaron declaración a Hipólito Fernández Janero, portero de su casa, en la calle Santa Águeda número 2, desde hacía catorce años y que
«… conoce y trata a Joaquina Marqués Sánchez, inquilina del piso primero derecha desde hace más de seis años, mereciéndole esta un buen concepto y desde luego puede afirmar que dicha individua jamás se ha dedicado a la explotación de mujeres sin que pueda suministrar ningún otro antecedente con relación al hecho porque se procede».
Ante estas declaraciones, estaba claro que Francisco Carvajal Ovelar quería implicar a Joaquina en estos hechos. Esto unido a que se desdijo de la primera declaración en la que involucraba a Castor Rodríguez Acevedo El Cubano o El Castro y a Luis El Inglesito en el robo de la corona de Suintila, hizo sospechar al juez que Francisco Carvajal Ovelar estaba mintiendo.
El juez Conde abrió las diligencias oportunas para la busca y captura de Castor Rodríguez Acebedo, el Cubano o el Castro, de Luis el Inglesito y de María Paz. Por otra parte, la policía estuvo haciendo indagaciones averiguando que El Candelas se encontraba en la Prisión Celular de Madrid y que el Carlos se sospechaba que debía hallarse en Barcelona o en Valencia.
El día 22 de mayo el juez Conde tomó declaración a Francisco Pastor Borrel, El Candelas, que expuso lo siguiente:
Que no es cierto haya realizado el hecho que se le imputa , ni tiene noticia de las coronas visigodas de que se le hablan, puesto que en el año mil novecientos veintiuno estuvo en Barcelona y preso en aquellas ciudad desde el mes de abril hasta octubre o noviembre del mismo año por una causa de atentado de la que salió libre y se siguió en el Juzgado del distrito de Atarazanas de dicha población.
Que solamente estaba en Madrid en el año mil novecientos veintidós, desde el mes de octubre hasta el de diciembre …, estando buscando trabajo, se hizo amigo en la casa en que vivía, Lavapiés cuarenta y nueve, de Francisco Carvajal que también habitaba en la misma casa y estando un día juntos, le invitó a que subiera a casa de una amiga de aquel y efectivamente subieron. Estuvieron un rato y como no le gustaron las chicas, se marcharon, pero ignora la calle y número de la casa, no siendo cierto que en aquella ocasión ni en otra haya hablado del robo de las coronas ni hablar de él a otras personas, pues como ya tiene dicho lo ignora en absoluto.Declaración de Francisco Pastor Borrel, El Candelas
Que no conoce quién es la Joaquina Marqués y que no es cierto tenga hermana alguna y, por tanto, que le pudiese acompañar a realizar la sustracción en la Armería Real.
Como podemos apreciar en esta declaración, Francisco Borrel, El Candelas, niega su implicación en los hechos, ya que el abril de 1921 estaba preso en Barcelona por lo que era imposible que pudiera cometer el robo. Además, para complicar más el asunto, le comunica al juez que él no tiene ninguna hermana, por lo que era imposible que dijera que había cometido el robo en compañía de su hermana y que esta había sacado la corona de Suintila y las otras piezas de la Armería Real debajo de su vestido.
El juez pidió confirmación de esta información a Barcelona, recibiéndose contestación desde la cárcel celular de Barcelona
Certifico: que examinados los expedientes procesales de Francisco Pastor Borrell, aparece que el mismo tuvo ingreso en esta prisión el veintidós de abril de mil novecientos veintiuno a disposición del Juzgado del Distrito de la Audiencia de esta Ciudad en méritos de causa sobre hurto número 362 de dicho año, en virtud de la cual fue puesto en libertad en veinticinco de los propios mes y año; habiendo tenido ingreso en veintiséis de julio del mismo año, a disposición del de Atarazana por causa sobre estafa y hurto número 565 del repetido año, por la que fue puesto en libertada en primero de septiembre de mil novecientos veintidós.
Don José García del Busto, Administrador de la Prisión Celular de Barcelona, 29 de mayo de 1925
El ingreso en prisión fue el veintidós de abril de 1921 por un robo cometido en el mismo mes de abril, por lo que en un principio parecía complicado que pudiera haber cometido el robo de las coronas en la Armería Real, aunque no era del todo descartable.
A principios de junio la Dirección General de Seguridad le comunica al juez de instrucción de distrito de Palacio que habían resultado infructuosas hasta la fecha las gestiones practicadas para la busca y captura de Castor Rodríguez Acevedo, El Cubano o El Castro, de Luis, El Inglesito y de María Paz.
Con toda esta información, el día 8 de junio de 1925, el juez de instrucción del distrito de Palacio, don Antonio Falcón y Juan, declaró terminado el sumario, remitiendo el expediente a la Audiencia Provincial de Madrid para ponerlo en conocimiento de la fiscalía.
Pero el fiscal no estaba de acuerdo con el cierre del sumario y escribe a la Audiencia Provincial de Madrid, pidiendo que se reabra el caso:
El Fiscal no está conforme con el auto de terminación del sumario 326 del Juzgado de Palacio 1921 rollo 1901 de igual año y solicita de la Sala la revocación del mismo y su devolución al instructor para la práctica de las siguientes diligencias:
Comunicación del fiscal a la Audiencia Provincial de Madrid, 4 de julio de 1925
1ª Se recibe declaración sobre el hecho de autos y con relación a las citas que del mismo se hacen en las declaraciones de Francisco Carvajal al folio 26 y de Joaquina Marqués al 24, a Carlos González Ripoll y si de ellos aparecieran contradicciones se celebren los oportunos careos.
2ª Resultando grandes contradicciones que convienen aclarar o al menos intentarlo a los fines de justicia en las declaraciones de la ya citada Joaquina y de la de Francisco Pastor Borrell, el Candelas, es procedente se celebre entre ellos la oportuna diligencia de careo.
3ª Se acredite o trate de acreditarse si el referido Pastor Borrell, el Candelas, tiene hermana y de ser así se la reciba declaración.
4ª Que el portero de la Armería Real Manuel García Arce reconozca a Francisco Pastor Borrell, el Candelas y a Carlos Juan González Ripoll para que diga si es posible, después del tiempo transcurrido si en alguno de ellos reconoce al individuo de gorra clara que dice estuvo en la Armería Real el día de la sustracción y las demás que se desprendan de las anteriores y al instructor le sugiera su celo.
De las peticiones del fiscal, solo se tiene información documental de la última, en la que se solicitaba que el portero de la Armería Real, Manuel García Arce, intentara reconocer al sospechoso del robo, el sujeto con traje y gorra clara, en las personas de Francisco Pastor Borrell, el Candelas y de Carlos Juan González Ripoll.
Pero esta petición del fiscal no se pudo llevar a cabo debido a que el portero de la Armería Real, Manuel García Arce, había fallecido dos años atrás en diciembre de 1923.
Por otra parte, Francisco Pastor Borrell, el Candelas, se encontraba preso en la prisión de Granada, por lo que el juez abrió diligencias para que se investigara si este sujeto tenía alguna hermana, ya que él afirmaba no tener ninguna.
En cuanto a Carlos Juan González Ripoll, el juez dio orden de su búsqueda, ya que todavía no habían dado con él.
En septiembre de 1925 se reciben algunas noticias, pero no estaban contrastadas por lo que el juez pide su aclaración:
En contestación al atento oficio de V.S. de 9 de los corrientes, sumario del margen, en el que interesa de mi Autoridad se averigüe el domicilio o paradero actual de CARLOS JUAN GONZÁLEZ RIPOLL, cúmpleme participarle que en 12 de los corrientes y a petición del Sr. Juez de Instrucción del Distrito del Congreso de esta Corte, Secretaría del Sr. Moliner, en sumario que instruye por hurto, se ha interesado por este Centro del Excmo. Sr. Subsecretario del Ministerio de la Gobernación, lo haga al de Estado para comprobar oficialmente si el reclamado JUAN GONZÁLEZ RIPOLL, que usa también el nombre de CARLOS FIGUERAS GARCÍAMANDRE “El Figueras” y “El Peruano” se encuentra en París cumpliendo condena de 14 años de reclusión, impuesta por las Autoridades de Francia en causa por asesinato.
Escrito del Director General de Seguridad sobre el paradero de Carlos Juan González Ripoll, 21 de septiembre de 1925
A finales de noviembre de 1925, una vez recibido la comunicación anterior, y mientras se esperaba recibir alguna noticia al respecto, el juez don Antonio Falcón y Juan declaró terminado el presente sumario remitiéndolo a la superioridad y comunicándolo también al ministerio fiscal.
Hay que esperar hasta el año 1931 para tener nuevas noticias de este caso. En noviembre de 1931, por fin encontraron a Castor Rodríguez Acevedo, el Cubano, aquel que, según la información suministrada por el confidente del inspector Antonio Lino, había cometido el robo de las coronas junto a un sujeto llamado el Inglesito y por el que se reabrió esta causa en 1925.
Lo curioso era que lo habían detenido por hurto, uno más en su historial, y estaba cumpliendo condena en la Prisión Celular de Madrid desde hacía unos meses, pero, aunque estaba en busca y captura desde 1925, nadie se había percatado de ello o no había querido percatarse.
Ahora, próximo su cumplimiento de pena, le habían pasado nota al juez González Llana de que estaba preso, quien lo interrogó sobre el robo en la Armería Real. El sujeto era de Guantánamo, por ello lo del apodo del Cubano, y, por supuesto, no aportó ninguna información sobre el caso. Dijo no conocer ni al Inglesito ni a Joaquina, que nunca había estado en la Armería Real y que por aquella época él se encontraba en La Coruña.

Al no encontrar indicios de culpabilidad, dictó su orden de libertad, ya que había cumplido la pena impuesta por su último delito.
el 25 de noviembre de 1931, el juez González Llana, ante la ausencia de pruebas, dictó el sobreseimiento de la causa
Resultando: que en el presente sumario que fue incoado por robo de dos coronas y otros efectos en la Real Armería.
Se han practicado cuantas diligencias se creyeron necesarias para el esclarecimiento y comprobación del hecho relacionado.
Considerando: Que no apareciendo indicada, a juicio del que provee, la práctica de ninguna otra diligencia útil en el presente sumario, procede acordar su terminación y remisión a la Superioridad, según dispone el artículo 622 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal.
S.S.ª, por ante mí, el Secretario, dijo: Se declara terminado el presente Sumario, el que se remitirá a la Superioridad, participándolo al Ministerio Fiscal.
Lo mandó y firma el Sr. D. José González Llana y Juez de Instrucción del Distrito de Palacio,
en Madrid, a veinticinco de noviembre de mil novecientos treinta y uno, de que doy fe.

bbb
En enero de 1932, el juez González Llana dio por cerrado el caso, al no aparecer nuevos indicios, remitiendo el expediente a la Audiencia Provincial, donde el presidente de la misma, Federico García Orea, declaró cerrado el sumario definitivamente.
El último documento de estos expedientes es de fecha veinticuatro de febrero de 1932.


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