En 1940, después de la Guerra Civil, el Gobierno de Franco empezó a mantener conversaciones con el mariscal Pétain en Francia, que en esos momentos acababa de firmar el armisticio con Alemania, después de la ocupación nazi de París, comenzando un régimen colaboracionista con los invasores.

La relación de Pétain y Franco venía de lejos, ya que habían coincido en numerosas ocasiones. Posteriormente, tras la victoria de los nacionales, el presidente del Consejo, Edouard Daladier al tener que restablecer las relaciones diplomáticas con España, pensó en Pétain, por su prestigio y por sus antiguas relaciones con Franco. En parte, el Gobierno francés quería que Franco olvidara su apoyo al bando republicano durante la Guerra Civil.

La designación de Pétain como embajador en España fue muy bien vista por el Gobierno de Franco, ya que Franco siempre había admirado al Vencedor de Verdun, durante la I Guerra Mundial.

La misión de Pétain como embajador era clara: velar por la aplicación de los acuerdos firmados el 25 de febrero de 1939 por el diplomático Léon Bérard y el general Francisco Gómez-Jordana, ministro de Relaciones Exteriores de Franco, y que eran las siguientes:

  • Mantenimiento de las relaciones amistosas entre los dos países.
  • Mantener la neutralidad española en el nuevo conflicto bélico continental.
  • Intentar solucionar el problema de los refugiados en Francia.
  • Devolución del oro español y del dinero en efectivo depositado en Francia.
  • Devolución del material de guerra republicano y de la flota republicana huida a puertos franceses.
  • Devolución de las obras artísticas y otros tesoros de arte sacadas al país vecino.
  • Devolución de cualquier material de valor para el nuevo estado español.
  • Obtener del Gobierno de Franco el mineral de pirita necesario para la fabricación de explosivos.
General Philippe Pétain
Encuentro de Franco y Petain en febrero de 1941

Pétain quería congraciarse con el gobierno de Franco debido a su neutralidad en la II Guerra Mundial. También pretendía limitar las pretensiones españolas sobre el África francesa. Por último, una de las ambiciones de Pétain era reconstruir la Casa de Velázquez situada en la Ciudad Universitaria de Madrid, que había sido destruida durante la Guerra Civil. De hecho Pétain estuvo en la inauguración de este centro en 1928 acompañado del general Franco.

En julio de 1940, el ministro de Educación español, Pedro Sáinz Rodríguez, encargó a Juan de Contreras, marqués de Lozoya, director general de Bellas Artes, y a Francisco Íñiguez, comisario general del Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional, la realización de un inventario sobre el patrimonio español en Francia y del francés en España.

Este informe fue enviado a a Ramón Serrano Suñer, ministro de Exteriores y cuñado de Franco. Por el lado francés las negociaciones las llevó directamente el general Pétain.

España puso su empeño en la devolución de tres tesoros de valor incalculable: La Inmaculada de los Venerables de Murillo, que fue sacada de España en 1813 por el mariscal francés Soult en la Guerra de la Independencia, la Dama de Elche que se encontraba en el Museo del Louvre, que la compró al doctor Manuel Campello en 1897, y las famosas coronas del Tesoro de Guarrazar, que fueron sacadas de forma fraudulenta de España en 1859 por el diamantista real José Navarro, con la ayuda del comandante de infantería Adolphe Hérouart y que fueron adquiridas por el Gobierno francés y depositadas en el Museo de las Termas de Cluny.

El Gobierno de Franco quería que el cuadro de la Inmaculada de Murillo estuviera en España para la celebración de la festividad de la Inmaculada, el día 8 de diciembre. Por esta razón, aunque el convenio entre los dos países fue firmado en París el 21 de diciembre de 1940, el día 8 de diciembre de 1940, por la tarde, llegaba a Madrid el cuadro de la Inmaculada de Murillo, que se alojó en el Museo del Prado.

Así, España recuperó parte del Tesoro de Guarrazar: la corona de Recesvinto y cinco coronas más; también la Dama de Elche, la Inmaculada de Soult, de Murillo, las esculturas ibéricas de Osuna, algunas piezas del Cerro de los Santos, treinta y siete objetos de arte ibérico que se guardaban en el museo del Louvre y la documentación sustraída del Archivo de Simancas por las tropas napoleónicas.

A cambio, España le entregó a Francia el retrato de Mariana de Austria de Velázquez, el retrato de Covarrubias de El Greco, un álbum de grabados franceses del siglo XVI y un tapiz de Goya.

El resto de las piezas y obras solicitadas llegaron a España el día 10 de febrero de 1941, depositándolas en el Museo del Prado, aunque la firma del convenio no se realizó hasta el 27 de junio de ese año.

Ese mismo día se celebró la apertura de la exposición de objetos de arte españoles y de una selección de los documentos del Archivo de Simancas.

De esta forma, después de casi un siglo, volvía a España parte de las coronas del Tesoro de Guarrazar, que fueron depositadas posteriormente en el Museo Arqueológico Nacional, junto con los dos brazos de la Cruz de Recaredo, que fueron comprados a José Navarro en 1861.

Inauguración de la exposición de los objetos y documentos devueltos por Francia
Coronas depositadas en el Museo Arqueológico Nacional